El campo no es para pedir limosna, es para generar riqueza
Vamos a Romper El Sistema que condena al campesino. Mi propuesta es convertir a Colombia en una potencia exportadora real, tratando nuestros productos como lo que son: activos de clase mundial.
Muchos políticos se ponen el sombrero y las botas solo cuando hay elecciones, pero no tienen ni idea de lo que pesa un bulto de café. Yo sí. Mi formación empezó en la Escuela Zamorano, donde aprendí que el campo se trabaja con las manos y se gerencia con la cabeza.
Hoy, la realidad de nuestros caficultores y cacaoteros es una injusticia que clama al cielo. Tenemos el mejor producto del mundo, pero quienes lo sudan viven en la pobreza, mientras una "monarquía" de intermediarios se queda con la tajada grande del negocio sentado en una oficina. Eso se acaba en el 2026.
El fin de los intermediarios
Vamos a Romper El Sistema que condena al campesino. Mi propuesta es convertir a Colombia en una potencia exportadora real, tratando nuestros productos como lo que son: activos de clase mundial.
Crearemos un fondo internacional robusto para comprar la totalidad de la cosecha cafetera y cacaotera de Colombia. ¿Para qué? Para quitarle el poder a los que compran barato para vender caro. Con este fondo, el Estado garantiza que el precio que reciba el productor sea el valor real del mercado internacional, sin que se pierda un solo peso en el camino. La plata irá directo al bolsillo de quien siembra, no del que especula.
Gerenciar el agro, no subsidiar la pobreza
En la Colombia-Empresa, el campo es nuestra principal unidad de negocio. No podemos seguir compitiendo en productos donde no somos fuertes; vamos a enfocarnos en donde somos los mejores: café, cacao y palma africana.
Vamos a tecnificar la tierra con la misma disciplina con la que construí mis empresas. No quiero campesinos pidiendo subsidios; quiero socios productivos que exporten, que ganen en dólares y que vean en su tierra una fuente de riqueza para sus hijos. Dios nos dio la mejor tierra del mundo, y es nuestra responsabilidad hacer que rinda frutos para los 50 millones de accionistas de este país.
Justicia para el que trabaja
Mi socio es Dios, y la Justicia de Dios nos dice que el obrero es digno de su salario. No descansaré hasta que el caficultor del Huila o el cacaotero del Santander dejen de preocuparse por si el precio de la bolsa bajó, porque tendrán un respaldo sólido y un gobierno que sabe vender su producto al mundo.
El campo volverá a ser el orgullo de Colombia, no por romanticismo, sino por rentabilidad y justicia.
En el 2026, el campo deja de ser un negocio de pocos para ser la riqueza de todos. Tierra productiva, platica en el bolsillo para los agricultores.